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El Canis Familiaris, comúnmente conocido como el perro doméstico, o el mejor amigo del hombre, se podría encontrar pronto entre la lista de especies en peligro de extinción. Uno de los animales que más éxito ha tenido en la historia, que se encuentra en todos los rincones del planeta, corre el riesgo de desaparecer en las próximas décadas, si no ponemos remedio a su actual estilo de vida.

El perro, la especie con más variedad de razas, no pierde hábitat, ni sufre las consecuencias de la caza furtiva, ni la persecución del hombre, como otras especies salvajes. Pero, el perro está sufriendo otras amenazas que, a simple vista no se contemplan como tal, y podrían poner en peligro su supervivencia, sobretodo en el mundo desarrollado.

Presiento vuestra sorpresa y asombro ante semejantes alegaciones que, en un principio, pueden parecer descabelladas. Llevo mucho tiempo sumergida en el mundo entorno al perro, y llego a la conclusión, que aunque disparatada, esta declaración no esta lejos de la verdad. Os explico como he llegado a formular la idea de que la existencia del Canis Familiaris podría estar amenazada.

El perro ha medrado gracias a su relación con el humano en los últimos 10.000 años). Existen teorías que dicen que los lobos se unieron al hombre en esa época, otras dicen que mucho más entre 18 y 30.000 años). El caso es que estos cánidos salvajes encontraron un aliado para la caza y la supervivencia de sus clanes. Al convertirse en agricultor, y empezar a asentarse, el hombre contaba con la presencia de cánidos en esos primeros poblados, y empezaron a utilizarlos, ya no solo para cazar, sino para también guardar sus rebaños y sus cultivos. A partir de esta relación, esos cánidos se domesticaron, y de ellos se derivan los cientos de razas que hoy existen repartidos por todo el mundo. Con los humanos, esos cánidos amansados, se convertirían en animales de compañía, de trabajo, de pastoreo, de caza, de rescate, y de guardia. Nace el Canis Familiaris y estos encuentran refugio, comida y afecto entre los humanos que los crían. Se trata de la historia más bonita entre humanos y animales que perdura en nuestros días.

En esas épocas, hasta hace bien poco, el perro comía de las sobras de sus dueños, o de los alimentos que estos les cocinaban, y se tratan con medicinas naturales de la época (fitoterapia, acupuntura, etc). Llevaban una vida activa, al aire libre, acompañando a sus dueños y cuidadores humanos. Hasta aquí, todo perfecto. Las únicas amenazas que acechaban la salud y la vida de los perros, eran los ataques de otros depredadores, accidentes, botulismo, o alguna otra enfermedad por beber agua estancada o comida en estado avanzado de putrefacción. Las camadas indeseadas se sacrificaban de alguna forma u otra (no tan perfecto, pero era la única manera que conocían para controlar su población).

Hoy en día, la vida de los perros en las sociedades desarrolladas, sobretodo las de occidente, Japón, y más recientemente de India y de China, la vida de los perros ha cambiado mucho. A medida que los perros han ido dejando sus puestos de trabajo, y se han ido convirtiendo en animales de compañía y miembros de familia, a pesar de toda la buena intención y el cariño que se les muestra, hay una serie de prácticas que amenazan su bienestar y salud, hasta el punto de hacer que enfermen con más frecuencia, y se estén convirtiendo en una especie cada vez más débil. En EE.UU. se dice que uno de cada dos perros sufre de cáncer (dicho de otra manera: el 50% de los perros actualmente sufren de algún tipo de cáncer). También estamos viendo enfermedades crónicas más típicas de los humanos modernos en nuestros perros: diabetes, tiroidismos, artrosis, síndrome de Cushing, síndrome de colón irritable, alergias, asma, enfermedades cardiacas, insuficiencia renal y hepática, enfermedades autoinmunes, y otra vez, una gran variedad de cánceres. Perdonad mi atrevimiento, pero esto una señal de que una especie se extingue, lentamente, pero desaparece.

Los perros viven en jaulas de hormigón (pisos y casas), hacen vidas muy sedentarias, respiran el aire contaminado de las ciudades, sobretodo de los tubos de escape que están a la altura de sus narices. Beben agua desvitalizada y llena de metales pesados, nitratos, y otras dioxinas.

Para más inri, se alimentan con piensos, que son alimentos muertos, carentes de nutrientes vitales para que el sistema inmune pueda combatir tantas agresiones del medioambiente.

Añadimos a este coctel las vacunas anuales, que supuestamente les protegen de peligrosos virus, pero arruinan su sistema inmune. Y si antes solo se les vacunaba una vez en la vida, ahora, para bien de los bolsillos de las farmacéuticas, y en detrimento de los perros, se les practica cada año, y cada vez con mezclas de virus más potentes (las vacunas polivalentes: hexavalentes, heptavalentes- son bombas de relojería) e innecesarias (leptospirosis, hepatitis, tos de las perreras, entre otros) (Dr Schultz, Inmunólogo veterinario de la Universidad de Wiconsin que estudia la vacunación en perros y gatos desde los años 70).

Para combatir los problemas de salud que causan los piensos y las vacunas, se les trata con aún más química: antibióticos, antiinflamatorios, corticoides, entre otros medicamentos con efectos secundarios graves que merman aún más sus defensas, o comprometen las funciones de los órganos vitales.

A todo esto, le agregamos los químicos de productos anti-parasitarios. Como se nutren con alimentos artificiales, padecen infestaciones de parásitos internos y externos. Al tener sus sistemas de depuración intoxicados, y al encontrarse en procesos de envejecimiento prematuro, son un caldo de cultivo para bacterias, virus, y parásitos. Estos químicos, en forma de collares, pipetas y pastillas, son neurotóxicos y son nocivos para los seres vivos. Se consideran dioxinas y causantes de muchos tipos de cáncer, como enfermedades neurológicas como parkinson, epilepsia, y Alzheimer. Si en humanos, están relacionados con estas enfermedades sin cura, imaginaros lo que son para los perros que los llevan en la piel, alrededor del cuello o se les obliga a tragarlos periódicamente en nombre de la salubridad y la higiene.

Por otro lado, nos encontramos con las aberraciones de la cría de razas de moda. Nacidos principalmente en las oscuras naves de la cría intensiva de cachorros en el Este de Europa, para que todos puedan lucir el Yorki, o el chato de moda por la calle con trajecito, cada vez tienen menos expectativa de vida. La media de vida de un Gran Danés es ahora de seis años, el Boyero de Berna tiene suerte si vive nueve. La mayoría se sacrifican para evitarles la desgracia de morir de cáncer. Los Carlinos, Bulldogs, Boston Terriers, sino se sacrifican por hernias que les dejan parálíticos a edades tan tempranas como los dos años, acaban con terribles problemas de respiración. Si no tienen dueños que les procuran las cirujías pertinentes para facilitarles la respiración, muchos mueren por problemas cardio-respiratorios. En la cría se fomentan las morfologías más absurdas y vergonzosas. En el caso del Pastor Alemán, si no lleva las caderas arrastrando por el suelo, es que no parece de raza. Muchos acaban con terribles displasias, en carritos, los que tienen suerte, eutanasiados los demás. Cuanto más aberrante, más atractivo parece. Y estos son los perros que proliferan, porque los mestizos, los sin-raza, se esterilizan en cuanto se puede.

Las protectoras y centros de acogida nos estamos encargando, sin darnos cuenta, de que los perros con mejor salud y mejores patrones genéticos, no procreen, y organizamos campañas de esterilización masiva de los mestizos. Nada más entrar a nuestras instalaciones, les castramos en nombre de la protección animal; bajo el loable objetivo de reducir camadas indeseadas.

En realidad, si valoramos todas estas prácticas, es ilógico. Pero quien dijo que el hombre moderno era lógico? Más bien nos hemos vuelto locos.

Consideramos a nuestros perros como miembros de nuestra familia. Les queremos tanto, que somos capaces de dejarnos el sueldo por su salud, por su bienestar. Sacrificamos nuestro tiempo y libertad para darles lo mejor que sabemos y podemos dar. Muchos de estos perros hoy sustituyen a los niños humanos en una creciente sociedad con parejas sin hijos. A estos perros yo les llamo hijo-perros. Estas parejas lo damos todo por estos animales. Si nos dicen: dale pienso de tal marca, lo hacemos. Si nos dicen: vacúnalo cada año para protegerlo; sin pestañear, ahí estaremos para ponerles el recordatorio. Nos dicen que las pulgas y garrapatas son peligrosas para la salud y que para evitar su proliferación, hay que ponerles una pipeta cada cuatro o cinco semanas, que para evitar gusanos intestinales hay que darles una pastilla cada tres meses. Y todos seguimos estas pautas sin dudarlo. Confiamos en que nos están aconsejando por el bien de nuestros más queridos compañeros peludos. Lo que ignoramos es que se está utilizando nuestro amor y afecto hacia estos animales para el lucro de una macro industria que genera billones de Euros en Europa y Dólares en EE.UU (58,04 billones en 2014). Y todos juntos estamos causando la lenta, pero definitiva desaparición del perro.

Quizás os parezca radical esta postura, pero veo como se están desarrollando las cosas entorno a los perros, y me preocupa cada día más. Llevo el refugio de Canópolis desde 1996. Ahora casi 20 veinte años. En aquella época, los perros que vivían en el refugio y que llegaban a este, eran robustos y equilibrados. Hace unos años empecé a preguntarme qué pasaba con los perros, que cada año llegaban a Canópolis más enfermos y mal de los nervios. La especie está en declive. No hay duda de ello. Pero al analizar la situación, a medida que he ido investigando sobre alimentación natural, y medicinas alternativas, me doy cuenta del trasfondo del problema. Si me atrevo a declarar al Canis Familiaris en peligro de extinción, no es por capricho, pero sí para provocar. Mi atrevimiento se atiene a que necesitamos despertar con cierta urgencia, si no queremos ver como el mejor amigo del hombre se desvanece en nuestros brazos por nuestra inercia e ignorancia.

En Trifolium dedicamos muchos recursos y esfuerzos para concienciar a las personas sobre la alimentación y las terapias naturales, con el objetivo de cambiar y guiar a los amantes de los perros hacia un nuevo paradigma sobre la tenencia y el cuidado de los animales. Dicho esto, esperamos que despiertes y cojas las riendas del bienestar de tu perro. En su nombre y en el de toda su especie.

Si el humano y el perro hemos ido de la mano desde hace milenios, en nuestro empeño por salvar al perro, quizás se encuentre nuestra propia salvación. Nuestros estilos de vida no son diferentes. Piénsalo.

Gemma Knowles

Acupuntora, nutricionista y fitoterapeuta, terapeuta de Flores de Bach, maestra de Reiki, y comunicadora interespecie.

Instituto Trifolium para la Difusión y Práctica de las Terapias Naturales en Animales

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