El espíritu animalista en España crece a pasos agigantados. Somos un país que despierta ante la barbarie del sufrimiento animal en todos los rincones. El movimiento anti-taurino despega consiguiendo frenar festejos arraigados en una cultura desfasada. Brigadas de voluntarios acuden a los refugios echando una mano en su tiempo libre a los animales abandonados. Gente por doquier denuncia casos de maltrato, rescatando animales de las manos de personas sin escrúpulos o que ignoran sus necesidades más básicas. Es fantástico ver en las redes sociales la movilización de una parte de la sociedad que desea con fervor que los animales vuelvan a tener una vida digna, que vuelvan a ser venerados y respetados como lo hicimos en la antigüedad.

En este movimiento se encuentra un sector que da todo lo que tiene por los gatos de la calle. Este se organiza para alimentarlos, sacando dinero de sus bolsillos para esterilizarlos y controlar la proliferación de cachorros en las colonias. Luchan contra los ayuntamientos que se sacuden el problema utilizando métodos agresivos de exterminio, en vez de convivencia.

Pero en este sector hay un número de personas que se dedican a sacar gatos asilvestrados de sus colonias para meterlos en protectoras y viviendas, pensando que están salvando a esos gatos de una vida miserable.

A nuestro refugio llegan peticiones cada semana para acoger a estos animales. De hecho, algunos hemos cogido. Y muy a nuestro pesar, vemos como estos padecen el cautiverio, aunque Canópolis ofrece unos espacios vallados de gran tamaño. Estos gatos enferman o arriesgan sus vidas para escapar en el intento de recuperar su libertad. Otros nos huyen en pánico, buscando el lugar más recóndito de Felípolis para no ser vistos por los cuidadores. Solo unos pocos consiguen adaptarse.

Trifolium ha decidio no acoger más a estos gatos, por la sencilla razón de que pensamos que los gatos de la calle quieren ser salvajes. Necesitan más que se les alimente en su entorno, y no que se les someta a una vida doméstica que no cabe en su naturaleza.

Por más que haya personas que crean que estarían mejor viviendo en un piso en nuestra compañía, o que estarían más seguros en los cercados de nuestro refugio o de las jaulas de otra protectora, no apoyaremos más esta visión errónea del gato de colonia. Quizás haya excepciones… gatos enfermos que necesiten cuidados temporales, gatos atropellados que se queden inválidos, o que precisen una cirujia. Pero siempre, se acogerían con la visión de volver a soltarlos en su colonia en el futuro, si es posible.

He observado la vida de estos animales en varias colonias de Castelldefels en los últimos meses. Buscando a una perra que se nos había escapado, estuve haciendo vigilancia en varios puntos de mi municipio donde mujeres de buena fe, acuden a diario a dar de comer a los gatos. Estos animales son verdaderamente libres y ostentan unos cuerpos ágiles y fibrados. Trepan los árboles y las rocas, toman el sol, juegan con los insectos, se miman unos a otros.

Hay un sentimiento de comunidad y un espíritu de libertad que no veo en nuestro refugio.

Nuestros gatos están gordos y apáticos. Los más domesticados buscan los mimos de los cuidadores, padrinos, y voluntarios, sedientos de algún tipo de estímulo. Hay una gran diferencia entre los gatos de estas colonias y los gatos de Felípolis. Intentamos compensar su falta de libertad con juguetes, catnip, tentempiés, cepillados, caricias, pero todo esto no es suficiente, y lo sabemos.

Animo a los amantes de los gatos a hacer esta reflexión, y considerar otro enfoque hacia los gatos de la calle. Ser salvaje en nuestros núcleos urbanos no es una vida fácil, ni segura, pero peor parece someterles a una de aburrimiento y apatía. Ser salvaje es vivir la vida en plena libertad con todos sus riesgos. Os invito a sentaros a observar los quehaceres de estos gatos, y verdaderamente sentir con ellos la maravillosa experiencia de ser libres.

Colonias hay muchas; unas mejores que otras. Las que disfrutan de trocitos de naturaleza son lugares envidiables para los gatos, y esas son las que merecería la pena apoyar.

Si quieres ayudar a los gatos de la calle, no creas que les rescatas sacándoles de estos lugares. Ayúdales a vivir como ellos quieren de verdad.

* Llévales comida a diario, u organiza un grupo de personas para turnaros para que nunca falte su comida. Llévales comida de buena calidad, no les haces ningún favor si la comida que les llevas es de baja calidad; enfermarán con el tiempo de carencias nutritivas importantes.

* Organiza para esterilizarlos y controlar la población y llevar un seguimiento de su salud.

* Busca el apoyo de las autoridades con proyectos serios, bien pensados y bien presentados en los que ellos vean que hay compromiso de hacer las cosas bien.

* Limpia estos lugares de basura (no sé porqué hay que dejar bandejas de aluminio y porexpan sucias por todas partes, o restos de comida pudriéndose). Los gatos son animales extremadamente limpios y apreciarán nuestros buenos hábitos.

* Monta una página en Facebook o un grupo en whatsapp para coordinar esfuerzos y recaudar fondos para casetas nuevas, para repartir tareas de limpieza, etc.

* Haz una labor de concienciación en tu barrio para poner a los vecinos de tu parte y que apoyen la colonia porque ven que es algo positivo y no un foco de enfermedad.

Animalista quiere decir persona que vela por el bienestar de los animales. Tenemos que dejar de lado algunas de nuestras necesidades, para vislumbrar las suyas; las de verdad, no las que nos hemos imaginado. No le sometas a ser un prisionero porque sufres. Déjalo ser salvaje, si eso es lo que más quiere.

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